Energía infinita: De cero a cien en dos minutos

Energía vital. Mi tema favorito. Cómo tener el máximo de energía.

De entrada te quiero compartir algo muy, muy chulo que descubrí… bueno, que entendí podemos decir, hace unos días. Tengo 43 años y, no obstante, me dí cuenta de cuál es la súper clave de la energía hace solamente una semana. (Wow, ¡cómo mola hacerse mayor!).

Aquí va.

La energía infinita la tenemos dentro. No es necesario buscarla en la comida o en el ejercicio o en la meditación o en lo que sea.

Obviamente todos esos son elementos que influyen. Que pueden ayudar. Pero lo guay de mi “descubrimiento” es que la energía infinita ya la tengo yo dentro. Déjame que te dé un ejemplo.

Pero antes me gustaría dar las gracias al autor Michael A. Singer por su excelente libro The Untethered Soul: The Journey Beyond Yourself por haberme abierto los ojos y haberme presentando todo de forma tan sencilla. ¡Algo dentro de mí ha hecho click!

Bueno, el ejemplo.

Estoy tan enamorado. La quiero tanto. Es tan maravillosa. Llevamos un año apenas juntos. Y me cae estupendamente bien. Es guapa. Simpática. Hermosa persona.

(Suena el teléfono)

Jooooder. Me tiro por la ventana. Terminamos. ¡¡No me lo puedo creer!! Me ha roto el corazón.

(Mensaje whatsapp)

A ver si es ella… No… Son los colegas. Dicen que si voy a tomar algo. Ni de coña. Estoy destrozado.

(Pasan meses)

No me lo creo. No quiero seguir viviendo. No tengo hambre. No tengo ganas de hacer nada. No quiero ni verme con los amigos, ni con nadie. Estoy sin una gota de energía, tío…

Uf, cuánto va a durar esto. Estoy roto.

(Pasan un par de meses más)

Joder, qué vergüenza, de verdad. Tengo la casa hecha una cuadra. ¿Cuánto tiempo llevo aquí encerrado sin hacer nada? No tengo hambre nunca, pero por todos los cartones de pizza y comida china, parece que algo me estoy alimentando.

Ya te haces una idea, ¿verdad? El tío está encerrado en su piso. Y no tiene energía ni para salir con el perro. Ni lavarse los dientes. Ni sacar a la calle semanas de basura acumulada. Vamos, está hecho polvo.

Entonces suena el teléfono.

Coooooooño, ¡es ella!

¿Qué hago?

Sí, hola, ey, ¿qué tal?

Sí, bien, bueno, sí, no sé, más o menos… ¿Tú?

¿Cómo?

¿Que me echas de menos?

¿Que te confundiste?

¿Que soy el amor de tu vida?
¡Siiiiii!

Claro, claro, ven. Sí, sí, ven corriendo… Te espero, te espero, mi amor… ¡Ay, qué ganas!

(Cuelga el teléfono)

Uf. La casa está hecha una porquería. Y ella está de camino.

Joder, a tirar esa basura, cambiar las sábanas, aspirar, limpiar el baño, lavar los platos… Y me tengo que duchar…

Y podemos observar, queridos lectores, que nuestro hombre con el corazón roto, con cero ganas de vivir, con la energía por el suelo, ha ido desde la energía absolutamente nula a tener la energía ¡a tope! En menos de dos minutos.

Pero, ¿de dónde es qué viene esa energía? ¿Del café? ¿Del ejercicio? ¿La pizza?

Pues no, no y no. Nada de eso.

Viene desde dentro. Ostras, ¿será que lo tenía todo el tiempo? ¿Será que dentro de él, y de ti y de mí, hay una fuente tremenda de energía constante, y que lo único que la bloquea somos nosotros mismos?

No me lo creo. ¡Qué guay! Es increíble.

O sea, si me doy cuenta de que soy yo mismo el que freno mi energía con lo que pienso o con lo que siento, ¿resulta que también tengo el poder de acceder a esa energía infinita cuando me dé la gana?

Pues, sí, ¿no?

Si no, ¿cómo sería posible para nuestro Romeo ir de cero a 100 en dos minutos?

Vamos a bajarlo todo un poquito más a tierra. Necesito desglosarlo, para poder apropiarme de la idea.

Partimos de la base que nacemos todos llenos de energía. A full.
Y con conforme la vida nos trae experiencias, dificultades, inputs negativos, retos e incluso puras tonterías (como las cosas que a veces dicen los adultos: “no vales para nada”, “eres un vago”, “nunca lo podrás hacer”. etc). llenamos nuestro cuerpo con mal rollos, con falsas creencias, con preocupaciones, con dolores.

O sea, una avalancha de impresiones que NO nos sirve nos entra por los ojos, por los oídos. Entra en nuestra cabeza, a través de los pensamientos, y se quedan todos en el cuerpo. En TU cuerpo. Allí se quedan.

Y cada uno de ellas es un bloque de esa energía infinita que tienes por dentro.

Cada vez que dejas ese pensamiento negativo sin atenderlo, sin soltarlo, se te queda en el cuerpo y te resta energía. Ni siquiera hace falta que entremos en todas las emociones corrosivas que te pueden generar. Piensa sólo en cada cosa que entra en ti y te genera ansiedad, malestar o pensamientos negativos. Todo eso te resta energía: bloquea tu energía vital.

Una persona o una situación ajena a ti pueden traerte incomodidad, porque no te guste o porque te gustaría que fuera diferente. Bien. No pasa nada. Siempre será así: cosas del exterior que no son ideales. Pero, eso sí, ten en cuenta que cada aspecto negativo donde fijas la atención te quita energía. Te hace más débil.

Así que por más rabia o frustración que sientas: ¡déjalo ir! De esta forma estarás mucho mejor preparado para enfrentarte a esa situación. Siempre, siempre, siempre podrás gestionarlo mejor con más energía.

ASÍ HAGO YO PARA SACAR LOS MALOS ROLLOS DE MI SISTEMA

1. Sentir y observar qué pasa en mi cabeza y en mi cuerpo
Llámalo meditación, observar o llámalo contemplar. Al final se trata de escucharse a uno mismo. A ver qué pasa por dentro. Qué tensiones tengo en mi cuerpo. Nudos en el estómago. Estrés en la espalda. Lo que sea. Tomar conciencia de ellos es el primer paso.

Tomate 10 minutitos en la cama antes de dormir y siéntate. A ver qué sucede en tu cuerpo.

2. Respirar y dejarlo ir
La respiración hace milagros para curar el cuerpo. Un tío que me flipa es Wim Hof, The Ice Man. Enseña unas cosas impresionantes que él pone en práctica para poder lograr unas cosas tremendas (22 récords mundiales, entre ellas). Respirar hondo, retener la respiración y calmar tu sistema nervioso. Funciona siempre.

Luego, hay que soltar. A mí me va bien repetirme a mí mismo: “Todo es exactamente como tiene que ser. Lo dejo ir, que no me pertenece a mi”.

No permito que los malos pensamientos o la negatividad que se me queden en el cuerpo. Quiero estar sano, completo y lleno de energía. La vida es maravillosa y es exactamente como tiene que ser. Todo está bien. Porque sí, la vida es bella. Y ya está.

3. Practicar y practicar para el resto de tu vida
Por experiencia propia debo decir honestamente que no es fácil y que no surge de forma natural. Ten en cuenta que, en este sentido tu cerebro NO es tu amigo. Está programado para huir de los peligros, de preocuparse y prepararte para sobrevivir. Y todas esas son cuestiones que ya no nos sirven. Así que lo he hagas mucho caso.

Y oye, si has llegado hasta aquí, te felicito. Debes compartir mis inmensas ganas de tener una vida libre, de no vivir dominado por la cabeza sino por la conexión contigo mismo y con esa energía infinita que tienes dentro.

Si quieres seguir practicando quizás te vayan bien estos otros dos artículos que escribí. El mejor consejo que me han dado jamás, sobre cómo trabajar los pensamientos que no nos sirven, y El súper poder de los ricos y famosos. En este me verás meditando en el tren :).

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Exquisitos platos de autor con la base de la cocina asturiana.