Los archivos del Pentágono

CineMiércoles Febrero 21
1-Los archivos del pentágono


¿Dónde?
Renoir Princesa
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Entre 6€ y 9€



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¿Una película que reflexiona sobre el periodismo? ¿Ahora que el modelo de negocio (post-truth aquí, clickbait allá) ha cambiado irreversiblemente? Bienvenida sea: que la profesión continúe tan fotogénica como en Ace in the Hole, Sweet Smell of Success o, menos cítrica, Todos los hombres del presidente (en la que Los archivos del Pentágono parece apoyarse, en su tesis de que la función del “cuarto poder” es controlar a los otros tres).

De hecho, la película de Spielberg se plantea como una precuela de la de Pakula, en tanto que desarrolla unos hechos precursores inmediatos (1971) del Watergate: la filtración de unos documentos clasificados del Pentágono que demostraban que los sucesivos gobiernos estadounidenses maquillaban sus intenciones en Vietnam y su diagnóstico de la situación bélica, y la oposición de la editora y el director del Washington Post a un intento de censura que atentaría contra la Primera Enmienda.

Durante su loable alegato a favor de la libertad de expresión, la película esboza otras cuestiones (¿periodismo como comercio o como servicio público?; ¿cómo se desarrolla su matrimonio de conveniencia con la política?). Pero quedan en eso, en esbozo, así como el hecho (inaudito en aquel momento) de que una mujer ocupase un cargo de tal envergadura, cuyas implicaciones apenas son exploradas y no dejan de ser una buenista declaración de intenciones a favor de un feminismo de trazo grueso con el que Spielberg debe de estar familiarizado: no en vano apoyó la candidatura de una Hillary Clinton que (pese al cambio cosmético) no cuestionaba ningún aspecto del statu quo.

¿Y el debate sobre las ansias imperialistas de los EE.UU.? ¿Critica su injerencia, el apoyo de la CIA al golpe de estado en Vietnam del Sur? No, tan solo el exceso de contingentes en una causa que parece perdida. Se queda así en mascarada medieval: como en algún film de Capra (Mr. Smith Goes to Washington), pero mucho menos sutil, amaga una impugnación del sistema para acabar reforzándolo (con la noción de que se equilibrará mediante sus contrapoderes, del mismo modo que el mercado se autorregula).

Para esta singular empresa (y los Oscar tal vez como objetivo) utiliza a dos vacas sagradas (Meryl Streep, Tom Hanks), algunos actores en boga en cine y series (Bob Odenkirk, Jesse Plemons), un limitado y repetitivo inventario de recursos (trávelins circulares que quieren transmitir celeridad, zums para denotar afán introspectivo) y un guion (coescrito por el autor de Spotlight) lleno de subrayados y parlamentos vacuos. ¿Resultado? El típico objeto midcult que quiere hacer sentir inteligente al espectador por haber procesado grandes cantidades de información, cuando esta en realidad redunda en el tópico.

Y también el recurso a la nostalgia por un periodismo que ya fue, y de aquellas salas de redacción con puntuales sorbos de alcohol, humo, prisa y continuo debate de ideas. Qué lástima que la película tenga la profundidad de un vaso de whisky y su recuerdo se consuma rápidamente como un cigarrillo industrial.

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