Sin amor

CineLunes Febrero 5
1-Loveless


¿Dónde?
Cines Verdi
c/ Bravo Murillo, 28
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8€



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Llamarse Andréi Zviáguintsev supone un honor y una responsabilidad. Un honor, porque ha firmado tres de las grandes películas de nuestro siglo: El regreso (2003), El destierro (2007) y Leviatán (2014), acreedoras de premios en Cannes y Venecia. Y una gran responsabilidad, porque mantener el nivel de tan prestigioso legado constituye un desafío incluso para un creador de su talento. Nos aventuramos a decir que no solo ha superado el reto, sino que lo ha hecho con creces.

Su tema recurrente es la familia. O, mejor dicho, las larvas que infestan el nido familiar (que, en vez de confortar calurosamente contra la gelidez del entorno, se convierte más bien en parte del problema): la misteriosa aparición del padre en El regreso, la fractura cada vez mayor entre los cónyuges de El destierro y la progresiva desesperación de Leviatán. Y así sucede en esta Sin amor, que parte de la historia de un matrimonio en proceso de divorcio y el abrumador sentimiento de orfandad de su único hijo, el cual, anulado en la guerra de reproches de sus padres, acabará desapareciendo del hogar.

Con un dominio absoluto de la sintaxis cinematográfica y de la gestión de los símbolos, una puesta en abismo de la deshumanización contemporánea digna de Antonioni y una dirección de actores pareja a la de su compatriota Sokurov (esa manera de mostrar a los personajes como si fueran peces en un acuario, chocando continuamente contra el cristal), Zviáguintsev nos ofrece un doble diagnóstico sobre nuestra sociedad y sobre el continente ruso, donde (parece decir) el inmovilismo es el único programa de gobierno, los lazos comunitarios se han roto para siempre e incluso es necesaria una cierta psicopatía como forma de supervivencia.

Con esto, mientras transcurre el metraje, el espectador se sentirá atravesado por una violencia que transita entre la tensión latente y la agresividad verbal explícita. Y no dejará de preguntarse por los motivos de la desaparición del pequeño. ¿Habrá sido voluntaria? ¿Habrá sospechado que, en la sociedad tecnologizada de lo hipervisible, la ausencia se convierte en la única garantía de presencia?

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