Hacia la mudez, by Sergio Espinosa

En Hacia la mudez (Kriller71, 2017) la tactilidad del pensamiento y lo intenso del sentir estriban en simultaneidad. Los vocablos brotan en el texto y Sergio Espinosa (Jerez de la Frontera, 1988) los malea e invierte, transformándolos en una experiencia de requiebro que da paso a un mutismo que bien podría derivarse del accidente o la enfermedad, elementos transversales:

“así comienza la repetición así comenzamos la caída más
allá habrá una luz desconfío”.

“no estar sano no te hace monstruo
ignorar el daño te hace monstruo no
construir el cuerpo entre pruebas y perder
el equilibrio”.

Espinosa cita al comienzo del libro unos versos de Parte de nieve (1971) de Paul Celán, uno de los poemarios póstumos del poeta alemán de origen judío rumano: “la merodeante convicción/ de que esto hay que decirlo de otro modo y no/ así”. Ambas obras comparten el leitmotiv de la mudez. En Parte de nieve Celán transmite las figuras del horror, la masacre y el asesinato, como muestra en este poema (traducido por Pablo Oyarzun) en el que narra el brutal asesinato de los líderes espartaquistas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en una noche de enero de 1919 en Berlín:

“Tú yaces
en la gran escucha,
rodeado de arbustos, de
copos.

Anda hacia el Spree, anda al Havel,
al gancho de carnicero anda,
a las rojas estacas manzanales
de Suecia —

Viene la mesa con los dones, él dobla junto al Edén —
Al hombre le dejaron como un colador,
tuvo que nadar la mujer,
la cerda, para sí, para ninguno, para cada cual —

El Canal de la Milicia no llevará rumores.
Nada se atasca.”

La mudez que Espinosa plasma en su obra consta de un carácter metafísico que parte de un estado semejante a la imposibilidad de ver a través de la niebla y produce un inevitable aislamiento y causa un dolor tan intenso como el de una quemadura de tercer grado. El autor, lejos de evadirse de la realidad, opta por afrontarla en una suerte de alquimia de pensamiento e intensidad. Se vale de la herramienta de la repetición para interiorizar ese intento de diálogo mantenido con los otros, marcado por la omisión y las interferencias. Discurre sobre conceptos como el amor o la muerte, dotándoles de un carácter más esencial que universal en ese territorio oscuro que escoge como aposento del verbo y el sonido; la degradación de estos:

“contigo me debo al hombre al aire
la noche se apaga
de un par de farolas he imantado a los niños
puedo olvidarme de la sal

contigo querría tomar mi palabra y dominar
contigo no hay mesura y la zozobra necesita
menos razones bajo el cielo

tú te quieres encender de día y entonces yo
con mi pecho vislumbro qué cómo por qué

contigo oigo y contigo huelo
de qué camas podría preceder la sal
que contigo júbilo raro
todas las fieras habré regalado
por cuántas a cuántas de más

su canto tiene horas para terminarse

y a veces huelo morir pero a veces contigo
no.”

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Otro de los temas presentes en Hacia la mudez es el cuerpo. El dolor, la herida -en sus diferentes manifestaciones, véase cómo figuran en el texto la sutura o la cicatriz- y el llanto se convierten en códigos presentes en este espacio en el que el soma parece estar sometido de forma constante al estado de sufrimiento. En la obra “los bloques la intersección la plaza el barrio la ciudad el distrito la región” no parecen generar en el autor un sentimiento de pertenencia, pero sí lo hace el poema, concebido como una casa, el único lugar que el poeta encuentra posibles la creación y construcción.

Arrojan otro haz de luz al discurso de su ópera prima -dividida en cinco secciones y conjugado en tiempo presente cuando trata la derivación más estrecha en el espacio-tiempo- los usos del ahora. Es de destacar cómo juega Espinosa con el lenguaje cuando, por ejemplo, opta por sustituir dicho “ahora” por “aurora” en el poema final de Hacia la mudez: “nosotros aurora nos hemos dado fin y solo aurora/ conoceremos el comienzo la pregunta aurora aurora/ aurora la sentencia quién es lo que nos une nos es/ desconocido mi comienzo fue contigo y quizás aurora/ eso sea lo único que nos separa”. Toda una declaración de intenciones, no solo en los versos anteriores, sino a lo largo de todo el poemario.

Le auguro una vida larga y rica a Hacia la mudez, tanto en la página escrita como en su extensión hacia la oralidad.

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