Historia de la literatura secreta

El futuro está por nacer, medita un personaje de este libro de relatos. Inventar otros mundos, otras posibilidades, sugiere otro. ¿Quién no querría hacer de uno de estos lemas el leitmotiv de su existencia? La creatividad, la inventiva incesante atraviesan “Historia de la literatura secreta”, de Gabriel Noguera. Risas, lágrimas: el humor que salvaguarda del poder, la emoción que nos borra los apellidos; el humor anarquista y la emoción apátrida. El fabuloso esfuerzo de abrirle los cerrojos a la realidad, volverla múltiple, insólita, habitable. La conciencia de que el mundo está por terminar y debemos recrearlo porque necesita nuestra fantasía para no morir de inanición. Nada ni nadie, por más limitaciones que nos veamos obligados a sobrellevar, puede frenar el sueño. Nada le impide al Yeti ser de Murcia, nada a Yuri Gagarin ser mi abuelo, nada entrevistarse con la zarevna Anastasia y reconocerla como la vieja prostituta de la Historia. Noguera no encuentra obstáculo para apropiarse la máxima de Paul Éluard: Hay otros mundos, pero están en este. Y así, este autor, bebé probeta de Sławomir Mrożek y Boris Vian, y cuya biografía parece surgida de sus escritos (nacido en Gotemburgo, Suecia; residente en Torremolinos, Málaga), prepara docena y media de cócteles. Ácidos cócteles para saciar a la lógica, cócteles molotov (sí, por el Ministro de Exteriores soviético) para puntualmente derribarla. Para no colmar las expectativas, sino crear otras nuevas, impensadas. No se lo pierdan, por nada del mundo. Por nada de este mundo ni de los otros.

//Ilustración de María Simó

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