Stroppy, by Marc Bell

Stroppy quiere decir insolente, cascarrabias, quisquilloso o alborotador. Este personaje trabaja en una fábrica, eliminando el cerebro de pequeños hombres amarillos para transformarlos en guardias de seguridad privados. El asunto es que en la zona se ha convocado un concurso musical con premios en metálico y Stroppy, por hacer algo, ha inscrito a su amigo Clancy, un humilde poeta. A partir de ahí empieza un auténtico viaje tanto en lo argumental como en lo gráfico, un sinfín de intrigas, bromas absurdas, chuflas, canciones locas, pequeños robots y tormentas de luz y color: pura psicodelia.

Este cómic es difícil para los lectores de lectura simple, está lleno de ideas retorcidas para intentar comprender el material de una manera integral. Ahí está lo fantástico de esta entrega. Las páginas de Stroppy están repletas de personajes fantásticos y deformes, que a menudo provocan carcajadas. Tienes que sumergirte, hay una profundidad en sus imágenes alocadas que te exige una atención superlativa. Deja que tu ojo se percate de los detalles chiclosos, de su extrañeza, de la densidad de los dibujos animados. El resultado es una obra muy underground: una invención salvaje y muy ácida.

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El bar en el que perder la noción del tiempo… Y viajar por él.

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Bar

Sabores llegados directamente de un relato de Las Mil y Una Noches.