Sueños y secretos de… Jonipunto

Hay personas que cuando pasean por las calles ven imágenes dentro de edificios, colores que todavía no existen, elementos urbanos que se convierten en estados de ánimo o historias donde el resto de personas vemos solo sombras. Para hacer arte urbano no basta con colocar algo en una pared pública, hay que tener una especie de sentido superdotado de la observación, de estar mimetizado con el entorno y de comprender la realidad que nos rodea de una manera distinta. Jonipunto lleva años transformando las calles de Madrid en su propia realidad, que es también la de muchos que la descubren.

Integras paisaje y obra en muchas de tus intervenciones. ¿Por dónde le gusta pasear a Jonipunto?
Sí, para mí el significado más importante de trabajar en la calles es la posibilidad de transformar el espacio. Buscar la retroalimentación de la obra y espacio para crear un nuevo significado. Pasear por las calles, prestar atención a sus colores y formas me ayuda a pensar en futuras intervenciones. Madrid tiene carácter y muchas zonas con personalidad propia. En concreto, por su disposición geográfica y el entresijo de sus calles, la zona de La Latina y Palacio tienen una luz especial al atardecer. Además son de las pocas zonas de Madrid donde se puede disfrutar del color albero en algunas de sus fachadas.

¿Qué tipo de detalles o arquitectura son los que te sugieren mayor potencial?
La infinidad de gamas cromáticas que podemos observar en las calles y el transcurso del paso del tiempo reflejado en el deterioro de las fachadas nos cuentan la historia de las paredes que nos rodean. Las paredes tienen vida propia y cuantas más capas de pintura y más heridas, más aventuras nos tienen que contar. Aún así, cada proyecto requiere de un contexto urbano concreto. Por ejemplo, en el caso de la serie “Eclipses urbanos”, la presencia de un factor meteorológico externo era la base del proyecto y el componente que daba vida al conjunto de obra y espacio. Arquitectura del detalle.

¿Qué impulsó que quisieras trabajar en el espacio público en vez de en el privado?
El hecho de trabajar en la calle dota a la obra de dos aspectos muy importantes que es difícil conseguirlos en un entorno privado. Por un lado, cada vez que se pinta en la calle se está reclamando el uso de un espacio en respuesta de la masa publicitaria que nos inunda y, por otro lado, se favorece a fomentar un flujo de arte diferente. No existen ni directrices ni limitaciones. La calle tiene un componente de libertad que permite crear proyectos con una pureza real. De hecho, es la misma versatilidad de las calles la que libera la imaginación y genera un espacio único que muta constantemente. Al mismo tiempo, existe un elevado grado de responsabilidad por la naturaleza del entorno urbano y su contexto como por el mismo ciudadano que transita las calles. En el momento que una obra está en la calle, ya no es de nadie.

Y en el ámbito privado, también haces diseños, como el póster que recoge el recorrido de tu proyecto “La ballena: la cuenta atrás”. ¿Cómo es este paso de trasladar las ballenas de la calle a un papel?
Sí, soy un gran apasionado del diseño gráfico y en el caso de las ballenas, era la manera perfecta de poder reflejar la migración de estos cetáceos por Madrid desde una visión más global y además, poder acabar el proyecto con un bonito recuerdo.

Has pasado de intervenciones de mayor tamaño a intervenciones más pequeñas, pero cada vez más llenas de simbología, con mensajes y valores intrínsecos. ¿El mensaje es algo que te gusta incluir siempre?
El mensaje es la esencia de una obra. Es posible que la tendencia a encontrar la integración de la obra con el entorno urbano me haya llevado a reducir el tamaño de las intervenciones, en cualquier caso, la base es la misma, consolidar una idea a raíz de un pensamiento y ser capaz de encajarla en las paredes con una herramienta visual. Sentir un mensaje, observar las calles y encontrar el lugar y forma adecuados.

La capacidad de observación parece fundamental. ¿Se nace o se hace?
Se hace. Y La curiosidad e interés por lo que te rodea la alimenta.

Si pudieras elegir una o dos de tus obras, ¿con cuál te quedarías?
Microsurcos de la serie “Eclipses urbanos”. Tengo especial cariño a esta obra por su ubicación, su momento y su significado. Me hace ser consciente del paso de tiempo y me recuerda la fragilidad con la que se desvanece todo aquello que consideramos irrompible. Ya sea una relación de amistad o un pensamiento firme.

Por último, ¿nos cuentas un sueño?
Conseguir independencia geográfica. Amanecer cada día en el lugar donde quiero estar.

¿Y un secreto?
En ocasiones, cuando salgo a pintar sólo, me suelo llevar la bicicleta y apoyo en la pared justo donde estoy pintando. De esta manera disimulo que estoy arreglando un pinchazo en vez de pintar, en caso de que fuera necesario. ¡Es un buen truco!

// Entrevista de Valeria Reyes

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