Thaïs Cuadreny

¿Quién eres y a qué te dedicas?
Me llamo Thaïs Cuadreny, tengo 33 años y soy barcelonesa de pura cepa. No trabajo profesionalmente en medios artísticos y tampoco me considero “artista de ocupación”, ya que nunca me he planteado la posibilidad real de vivir de ello. Desde muy joven he explorado mis inquietudes de forma instintiva y visceral, no puedo evitar ese motor creativo. Muchas veces la triple vida del trabajador/ser social/artista es una carga un poco pesada que llevo con más o menos satisfacción sin esperar dinero como recompensa. Tengo una banda de post-rock (SI-BI-LA!), hago ilustraciones y dibujos, escribo a ratos perdidos y colaboro con algunos artículos sobre arte y cultura en Le Cool Barcelona. Todo ello en los espacios que mis actividades urbanas, laborales y sociales me permiten. -A veces no es tarea sencilla-.

¿Cuál es la idea de tus portadas?
La verdad, he tirado de instinto.

¿Cómo definirías tu estilo?
Podría definirse como instintivo, cuajado de referentes que no sabría enumerar, de trazos fuertes y particulares, algo visceral, preciso ideomáticamente pero carente de técnica o de estructura. El dibujo se me da muy bien desde niña. A veces añado toques primitivos de color -lápices alpino de los chinos, rotuladores baratos, acuarela sencilla…- para dar un punto llamativo al conjunto.

¿De dónde extraes la inspiración?
Depende del momento y las circunstancias, a veces la extraigo de mis habitaciones cerradas, de las mitologías propias y de las nuevas que me van llegando, de los libros que han formado mi carácter, de los planos fijados en mi retina a través de los años y de multitud de referencias y personas que han quedado impregnadas en mi percepción de las cosas. Me influye el mundo que me rodea, el rápido latido de la ciudad, la soledad urbana y su gente, las cosas que ocurren en entornos hipercontrolados y cuadriculados como capitales de provincias. Cuestiono el ritmo acelerado y ajeno a la naturaleza que practica el hombre moderno. Mi propia contradicción interior es la fascinación por la decadencia urbanita y la necesidad de regresar a un mundo salvaje y natural que llama por dentro. Observo las idas y venidas de hombres y mujeres, de mí misma, en ciudades sin nombre como ésta, siempre huyendo hacia adelante, siempre replegados hacia lo inmediato y lo material, tal vez para olvidar que somos un ordinario y sencillo habitante más de la tierra.

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