Zona de obras

Descubrí Zona de obras una tarde de trabajo en la oficina y por necesidad laboral tuve que empezar a ojearlo; pero qué gratificante es cuando la necesidad laboral se convierte en necesidad vital y al final no solo le echas un vistazo, sino que lo lees llena de entusiasmo y satisfacción. Al final del libro, la autora pone el ejemplo de cómo la literatura es música, es ritmo, es hacer que alguien no quiera dejar de leer. Es justo la sensación que produce éste, como si una serie de eslabones perfectamente ensamblados fueran llevándote de una página a otra. Palabras hiladas con ritmo y, sobre todo, con contenido: cada frase tiene sentido, nada es vacuo o resulta ornamental. Zona de obras no es un libro confortable pero sí absolutamente necesario, es como cruzar un umbral complicado pero que nos lleva a un lugar mejor. Zona de obras es zona de pensamiento, de crítica, de ejercicio mental. Leila Guerriero escribe sobre escribir, escribir no ya un libro o una crónica, sino al fin y al cabo, escribir nuestro mundo, mirar con los sentidos bien abiertos lo que nos rodea. No da recetas pero sí ideas lúcidas e inspiradoras de cosas que pueden agudizar nuestra capacidad de observación. Con honestidad y sinceridad, con vitalidad y arrojo, pasea por referencias literarias, musicales, geográficas y personales, trazando una línea de lo que para ella es su zona de obras. En este libro ha compartido su lugar y merece la pena acercarse a él, son obras necesarias para vivir mejor.

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