“Todos tenemos una parte miserable que no queremos que nos descubran”

Anna Sabaté (43) es profesora del Máster de Desarrollo Personal y Liderazgo. En Le Cool Festival dará la sesión “Sal de tu zona de confort y descubre tus posibilidades a través del Teatro y la Consciencia”

“Yo soy actriz de cuna, empecé muy jovencita haciendo teatro y luego me presenté a unas pruebas del Institut del Teatre de Barcelona para formarme como profesional. Mi vida ha estado unida al teatro y al trabajo del actor. Pero como he tenido mucho anhelo por conocerme, siempre he estado haciendo cursos, terapia, trabajo conmigo misma. La combinación de ambas cuestiones me ha hecho desarrollar un método para indagar en la condición humana”.

—¿Cómo es esa metodología?

—La metodología se aplica en clases experienciales. Allí abordamos cómo puede uno meterse en un personaje, cómo flexibilizar el mapa mental y empezar a vivir desde otro lugar.  Y eso sólo puede hacerse desde la práctica. A través de herramientas como el trabajo de la voz, las improvisaciones, la conciencia corporal, la escucha o el acto comunicación en sí, podemos empezar a desarrollar unas habilidades que ahora están muy demandadas: superar tus miedos, manejar las relaciones, en definitiva, saber gestionar tus emociones.

“En mis clases, tiro por el suelo todo lo que has aprendido, todo lo que tienes bien clasificado”

Sus compañeros de profesión dicen de ella que, “es una bestia, una actriz que se lanza a la piscina y al vacío si es necesario, como si ignorase el daño que puede tomar” (Marta Gil), que tiene “una gran disposición y entrega a seguir creciendo y aprendiendo” (Javier Galitó-Cava), o que “explora los límites transpirando siempre verdad” (Andrés Lima). Y es que para predicar, parece que Anna busca hacerlo también con el ejemplo: En el Máster de Desarrollo Personal y Liderazgo (del Instituto Borja Vilaseca) imparte la asignatura “Sal de tu zona de comodidad” y, como ella misma explica, allí se encarga, entre otras cosas, de que sus alumnos desaprendan todo lo que vinieron aprendiendo hasta el momento. “La vertiente artística tiene un gran potencial”, dice Anna en relación a la inclusión del teatro en el temario de la maestría. “Es un lenguaje que va más allá del verbal, que te permite ir más allá de los conocimientos”.

—¿Cómo son tus clases, Anna?

—Te tiro bastante por el suelo todo lo que has aprendido, todo lo que tienes bien compartimentado, clasificado… Por ejemplo: si yo te digo que empieces aquí y acabes aquí, y te marco dos puntos en el espacio [Anna hace dos señales en la mesa separadas de unos veinte centímetros ], ¿tú qué haces?

—¿Voy en línea recta?

—¡¿Por qué?! ¡Hay muchas maneras de llegar! Puedes ir haciendo círculos, saltando, haciendo zigzag, bailando, ir un trocito y luego parar… ¡Hay formas ilimitadas! Esa es la metáfora. También confronto a las persona con sus miedos, con sus vergüenzas. Tenemos miedo de mostrar cómo somos, porque en realidad sabemos que eso es parte de la máscara social que nos ponemos para que nos vean perfectos, maravillosos. En el fondo sabemos que tenemos una parte escondida, miserable, imperfecta, que no está aceptada socialmente. Y no queremos que nadie nos descubra.

—Y eso, ¿cómo lo trabajáis en las clases?

—A través de un objeto, de un poema o de algún elemento externo puedes ver quién es esa persona en realidad. Ves su humanidad. Ves una inmensa humanidad. Los alumnos lloran, ríen, se asustan, se enternecen…  Es como un médico cuando quiere recuperar a alguien que tiene una parada cardíaca. En teatro hacemos igual: pum pum para que las personas vuelvan a respirar y expresar sus emociones escondidas.

—¿Y por qué no mostramos esas emociones de manera espontánea?

—Porque nos da miedo. No entendemos qué nos pasa. Además, no queremos ser juzgados y tememos mostrarnos vulnerables. Por eso no salimos tampoco de nuestra zona de confort.

—¿Por qué nos da tanto miedo de salir de esa zona?

Si salgo de esos límites, de esas fronteras, si pongo el pie fuera, surgen las inquietudes: ¿Hay suelo? ¿Hay oxígeno? ¿Hay vida? ¿Qué me voy a encontrar? Da muchísimo pánico. Pero cuando lo haces te das cuenta que el mapa no es el territorio, sino que el territorio es tan ancho como tú quieras. Tienes que atreverte a creer que es ilimitado. Los confines están solo en la mente.

—¿Qué cambios experimentan tus alumnos a lo largo del curso?

—En las primeras clases están muy rígidos y cerrados, a nivel personal. Al final, en cambio, la gente está suelta, más libre, han aprendido a sentir, son más directos y más genuinos y más auténticos con lo que dicen. Hablan con asertividad y respeto. Es una maravilla.

—Si hay alguien interesado en salir de esa zona, ¿qué debe hacer?

—Primero tiene que darse cuenta de que quiere salir de su zona de confort. Esto se da, en la mayoría de los casos, cuando el malestar es más grande que el miedo que se siente a salir y encontrarse con lo desconocido. Después de haber detectado el malestar, se manifiesta el deseo de vivir sin él. Y allí es donde tiene que ponerse las pilas: ¿quieres seguir en ese estado? O, como dice el maestro de teatro Javier Galito-Cava,“¿quieres tener la razón o quieres ser feliz”. Cuando decides ser feliz decides soltarlo todo, fluir, vivir momento a momento.

—Parece un proceso muy fácil en la teoría…

—Es un proceso que puede hacerse a través de tres vías. Una de ellas es el trabajo terapéutico; la segunda, el trabajo corporal y sensitivo. Y aquí se incluirían infinidad de técnicas y herramientas, como la respiración, el yoga, el chi kung, la conciencia corporal, la bioenergética… hay mil. El tercer camino consiste en encontrar tu voz y descubrirte a través de prácticas artísticas: canto, escultura, teatro también.

—¿Qué aporta el teatro a diferencia de otras técnicas?

—Yo creo que el teatro es muy completo porque toca el cuerpo, la voz, la dicción, la expresión emocional, el conocimiento de tus pensamientos, de tus emociones.

—Parece imposible entonces encontrar un actor superficial.

—Puede haberlo, sí, pero el público difícilmente va a poder conectar con él. Es muy diferente al que transmite por todos sus poros auténtica humanidad. Eso es oro. Y está muy buscado.

 

Fotografía: Ana Zaragoza

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Exquisitos platos de autor con la base de la cocina asturiana.