“El coaching sirve de espejo para ver cómo va tu vida”

¿Qué es lo que quiero? ¿Qué puedo hacer para conseguirlo? ¿Qué obstáculos me voy a encontrar? ¿Cuáles van a ser mis apoyos? “Quien más, quien menos se hace estas preguntas en su vida porque el autocoaching es algo natural en el ser humano. A veces, sin embargo, uno no puede encontrar estas respuestas por sí solo y entonces se ayuda de los consejos de amigos, familiares o parejas… o busca el acompañamiento de un coach”.

Lo dice Francisco Giménez Plano, coach y formador de coaches, que en la entrevista lleva camisa blanca y pantalones (pero calcetines de colores) y habla lento, marcando muy bien las pausas entre las palabras. Lo hace también cuando se presenta como coach certificado por la Federación Internacional de Coach, como co-fundador de Growpath, una plataforma de coaching on line, o como creador, hace ya quince años, de la consultora de coaching empresarial y personal Augere, enfocada en el alineamiento de personas, cultura y estrategia de negocio.

Con este ritmo, empezamos apaciblemente por el principio:

—¿Qué es exactamente el coaching?

—Es el proceso de acompañamiento que ayuda a una persona a enfocarse en aquello que quiere en su vida. Le ayuda a mirar al futuro y definir las estrategias que le van a permitir desplegar todo su potencial.

—¿El pasado no importa, entonces?

—El pasado, pasado es. Evidentemente ha moldeado el presente, pero consideramos que hurgar hacia atrás, desde un punto de vista psicoanalítico, no da el potencial de aceleración que tiene mirar hacia el futuro. Esta focalización en el porvenir es propio de una de las dos escuelas predominantes de coaching en nuestro país: la estadounidense, que busca establecer los objetivos de vida y construir a partir de allí. En la vertiente latinoamericana, en cambio, predomina lo ontológico. El lenguaje, en este caso, pasa a un primer plano, porque, dicen, se encarga de proyectar lo que pensamos y es capaz de crear una realidad.

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El coach, en la ponencia “El coaching como soporte para acompañar el proceso de transformación y mejora” que ofreció en Le Cool Festival

—Cuando empezaste con Augere, en 2001, el coaching como tal era muy poco conocido.

—Sí, fuimos bastante pioneros. La gente lo veía con curiosidad, en algunos casos con recelo. Por suerte siempre hay personas que están más abiertas a las novedades. Y en este caso los early adopters fueron las empresas, sobre todo altos directivos, los que confiaron en el coaching. Luego, de forma paulatina, se extendió a grupos más numerosos. En Telefónica, por ejemplo, cuando vivieron el reto de digitalizar la empresa llegamos a tener hasta 30 profesionales acompañando a más de 200 directivos en procesos de transformación.

—Hablas del coaching aplicado a las empresas, ¿qué otros ámbitos de aplicación existen?

—También damos formación a nivel individual, para todos aquellos que quieran desarrollar el coaching a nivel profesional. Y, una tercera vía, por la que cada vez optan más alumnos, es simplemente conocer las herramientas para un conocimiento personal más profundo. Esto lleva muchas veces a una posición de liderazgo: si te conoces más a ti mismo y al otro, y sabes cómo enfocarte, puedes desempeñar más fácilmente este rol. Además, existe otra tendencia: tanto las organizaciones como las personas se están haciendo responsables de su propio desarrollo. Es decir, nosotros seleccionamos los recursos que necesitan y luego ellos, a través de Internet, por ejemplo, acceden a lo que creen que puede ayudarles.

—En este florecimiento del coaching, ¿la crisis ayudó?

—La eclosión fue antes, en realidad, hacia el 2007. Pero podría decirse que sí: la crisis contribuyó a que los coaches asistieran a las empresas en su conversión y optimización; y también a las personas. Nosotros hemos formado ya a más de mil coaches en España, México, Francia, Brasil…

—Suele relacionarse el coaching con el ámbito laboral. ¿Hay más?

—Sí, claro. Con el coaching se pueden marcar objetivos relacionados con la salud, la familia, la economía…

Todos estos aspectos quedaron reflejados en uno de los ejercicios que Giménez llevó a Le Cool Festival. Allí, invitó a su audiencia a diseñar su “GPS vital”, a dibujar un círculo dividido en ocho zonas (“la rueda de la vida”), donde cada una de ellas representaba una faceta. Salud, Desarrollo Personal, Trabajo, Economía, Amigos, Familia, Pareja y Ocio. Después de puntuarlas del 1 al 10, cada uno debía preguntarse: ¿Cómo estoy en los diferentes aspectos de mi vida? Y, centrado en un área concreta: ¿Cómo es este puntaje actual? ¿Y si fuera un 10, cómo sería? ¿Qué te gustaría cambiar en ese área de tu vida? ¿Cuál sería el primer paso, por pequeño que sea, para acercarte a ello?

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“La rueda de la vida”, una herramienta que usa el coaching y donde se puntúa del 1 al 10 distintos aspectos

El poder de la pregunta, una de las herramientas reinas del coaching, quedó patente también en su ponencia. Giménez lo había dicho antes: “El coaching no es una técnica moderna. El método socrático de los clásicos ya se basaba en preguntas-respuestas para llegar al conocimiento”.

—¿Qué área de tu vida te gustaría cambiar?- le dijo el coach a una de las asistentes.

—El amor.

—¿Y qué te gustaría cambiar?

—Hace mucho que no tengo pareja…

Pocos minutos después y con unas cuantas cuestiones, Francisco ya había llegado al nudo del dilema: para esgrimir el camino hacia la solución, no se focalizó en aspectos externos donde su cliente espontánea no tenía capacidad de cambio (apareció, por ejemplo, el clásico “es que no hay chicos disponibles”), sino en el ámbito en el que sí podía actuar. La indagación concluyó con una pista más que relevante: ella no había cerrado internamente su relación anterior, y eso la imposibilitaba a abrirse a un nuevo amor.

El coach tiene que servir de espejo —retoma Giménez en la conversación con Le Cool Magazine—. Con generosidad y tacto, el profesional puede decirle al cliente: “Mira, en cierta manera  mi intuición me está diciendo esto, ¿es posible que lo estés viviendo así?”. Eso ayuda al coachee [el cliente] a tener un feedback desde fuera, a entender mejor qué impacto está teniendo lo que le ocurre.

—¿La intuición es entonces uno de los grandes valores del coaching?

—Uno de tantos: la escucha, la curiosidad, y el manejo de herramientas como el reformular una idea para comprenderla mejor, parafrasear lo que el cliente ha dicho para ver si se ha entendido… El coaching tiene que ver sobre todo con ayudar a la persona a ser consciente de los valores que realmente le guían y aprender de su experiencia para usarla en el futuro. La intuición es importante, sí, y para poder desarrollarla primero debes darte cuenta de que es un gran valor. Es una vocecilla interna que muchas veces no escuchamos y que se nutre de nuestra experiencia vivida, de nuestro inconsciente, incluso te diría que de nuestra memoria celular.

—¿Todo el mundo sirve para ser coach?

—No, de entrada se requieren unas ciertas cualidades, como tener interés por el ser humano, sino difícilmente puedes conectar, tener cierta capacidad de escucha, tener la voluntad de acompañar, de dar soporte a otra persona. Y también ciertas cualidades de comunicación, de ponerte en el lugar del otro y aportarle otras perspectivas.

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—Antes de hacer coaching, ¿los profesionales acuden a un coach?

—Sí, desde el primer momento: durante la formación vamos aprendiendo teoría y también práctica. Yo también he pasado cuatro veces por un coach, en etapas en las que pensaba que podía serme de utilidad.

—¿En qué consiste la formación?

—Hay diferentes modelos de formación. Yo empecé en 2001 con un modelo propio muy vinculado al PNL, Programación Neurolingüística, pero en 2004 evolucionamos a través de la incorporación de herramientas de la vertiente más americana. A partir de allí ha ido creciendo, madurando y han ido apareciendo diferentes escuelas. Nosotros ahora estamos lanzando un programa de formación y acreditación en coaching on line, a través de la consultora Growpath.

—¿Existe una formación reglada?

—No, y por eso, sobre todo, es importante optar por entidades acreditadas. El intrusismo es muy habitual, hay quienes se llaman coach y han leído dos libros… Hay universidades que ofrecen programas de coaching, como el Idec, de la Pompeu Fabra, La Salle, o la IE Business School El panorama está cambiando mucho: en 2001 había una sola escuela federada, ahora ya hay ocho. Y Francia, por ejemplo, tiene más de cincuenta escuelas acreditadas.

—¿Hacia dónde va el coaching?

— El coaching ya tiene signos de madurez, pero tiene todavía recorrido y evolución. Yo creo que todavía pasará por revisar qué es lo que funciona y qué no, qué profesionales son los válidos, y también por trabajar con enfoques más sistémicos.

—¿Se pondrá más énfasis en el grupo que en el individuo?

En los procesos de transformación manejamos siempre dos niveles, lo individual y lo colectivo. En el segundo caso es importante ver cómo interactúas en un sistema y cómo el sistema te está influyendo.

 

 

 

 


 

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Mucho más que un bingo: un insólito templo de la tapa.