No hay que caminar para beber agua

“Cuando estuve en Ghana me sorprendió mucho lo que pasaba en las escuelas. En las aulas, había muchos niños tirados en el suelo, durmiendo, cuando el reloj marcaba apenas las nueve de la mañana. Yo les preguntaba a los profesores por qué, y ellos me explicaban cómo los chicos debían levantarse a las cinco de la mañana a ayudar a sus madres: caminaban durante kilómetros, tres horas, cuatro horas, cinco horas, para ir a buscar agua y volver con ella a cuestas, como podían, durante más kilómetros y más horas. Después llegaban a clase, muchas veces tarde y, claro, sin fuerzas para prestar atención, para aprender”.

La historia la cuenta Carlos Garriga, Project Manager de la fundación We Are Water, que -impulsada por la empresa Roca- atiende desde el 2010 la problemática del agua a través de la sensibilización y la realización de proyectos en varias partes del mundo. Ahora, a propósito del Día Mundial del Agua (22 de marzo), Garriga explica el mensaje que lanza la fundación:

—Esta campaña se llama No Walking For Water y hemos creado el hashtag #nowalking4water para que todo el mundo ayude a denunciar esta situación y a contribuir de alguna forma a reducir esa cantidad diaria de kilómetros que recorren mujeres y niños para tener agua. Haciendo cálculos rápidos, si hay en torno a 700 millones de personas sin agua en el mundo, y cada una de ellas camina unos diez kilómetros, son un total de 7.000 millones de kilómetros solo para ir a buscar agua. ¡Cada día!

—La imagen de la campaña es precisamente la foto de los pies descalzos de un niño.

—Sí, de un niño de Ghana. Para nosotros simboliza muy bien este problema. A nosotros nuestros pies nos llevan al trabajo, al cine, a dar una vuelta con los amigos, a descansar, a correr, ¡nos llevan a tantos sitios! En África, en Asia, en Sudamérica, en muchísimos países donde no está garantizado el acceso al agua, esos pies únicamente los llevan a un sitio. A intentar conseguir agua.

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Uno de los mensajes que se difunde en la campaña No Walking For Water

—El agua tiene mucho valor.

—¿Has visto las películas en las que se descubre petróleo en un pueblo perdido, cómo la gente se vuelve loca? Bueno, pues yo viví esa situación en Ghana, pero multiplicada por mil. Imagina a toda la comunidad de la aldea alrededor del camión que perfora. Y el tiempo pasa y aquello no para. Media hora, una hora, dos horas… y todo el mundo expectante. Nadie dice nada. Todos están en plan “qué va a pasar”. Y entonces hay un momento en el que la perforadora parece que empieza a ir más lenta, como que ha encontrado algo, y los ingenieros se miran entre ellos, se nota que algo está a punto de pasar, y de repente, no sabes exactamente qué han hecho, qué han pinchado, pero allí empieza a salir agua a lo loco. Y ya no te preguntas si los niños han visto nunca algo por el estilo o no, porque la explosión de felicidad y de cánticos y de saltos y la visión de la gente abrazándose, como si realmente aquí se hubiese descubierto petróleo, te impacta demasiado. No lo olvidarás.

—Les cambia la vida. ¿Cuáles son las principales dificultades relacionadas con el agua en el mundo?

Hay dos grandes problemas. Primero, la falta de acceso al agua, que en los últimos años se ha ido corrigiendo, aunque de forma mucho más lenta a la deseada: hemos pasado de 1.000 millones de afectados a 700 millones en la actualidad. El segundo problema tiene que ver con el saneamiento, y en este caso el panorama es más pesimista: hoy hay 2.400 millones de personas que no tienen infraestructuras sanitarias adecuadas, apenas 100 millones menos que hace unos años. Y en general, el mayor inconveniente es que ambos aspectos van directamente relacionados: cuando la gente no tiene garantizado un acceso a saneamiento, hace sus necesidades donde puede. Y muchas veces “donde puede” y donde es más cómodo es donde hay agua, lo cual acaba perjudicando también el acceso al agua.

—¿Qué tipo de soluciones dais desde la fundación?

—Además de sensibilizar, desde We Are Water realizamos proyectos sobre el terreno. En este sentido, no existe una solución universal para todos los problemas. Por eso intentamos adoptar las más idóneas en función de la localización, de la cultura o de la idiosincrasia de la gente. En We Are Water hemos trabajado ya en 25 proyectos en diferentes partes del mundo, Etiopía, Guinea-Bissau, Ecuador, Bolivia, Brasil, Filipinas, India, Bangladesh… Y muchas veces en colaboración con diferentes organizaciones, como la Fundación Vicente Ferrer, Unicef, Oxfam o World Vision. Construimos pozos, embalses o letrinas, creamos sistemas de riego por goteo, damos cursos de capacitación en relación a los usos del agua… Intentamos abarcar el máximo número de problemas y dar el mayor número de soluciones.

—Has mencionado que los afectados son un tercio de la población mundial, 2.400 millones de personas. ¿En España estamos muy lejos de esta problemática?

Probablemente España debe estar más preocupada que Alemania, Dinamarca o Finlandia, que son países que en el corto-medio plazo no van a tener tantos problemas de agua. Aquí es evidente que cada vez habrá más dificultades. En ese sentido estamos más cerca de África que de Europa. Aquí mismo, en Barcelona, hemos vivido largas temporadas sin lluvia, y en el Sur… ¿hace falta comentarlo? Es cierto que hay guerras, hambre, enfermedades y muchísimos problemas, pero también es cierto que sin lo más básico y lo más fundamental de todo, que es tener agua para poder vivir, todo el resto acaba siendo accesorio. Todo el resto es un añadido si no puedes beber. Por eso nace la Fundación We Are Water: porque es un problema universal que afecta no solo a los seres humanos, sino a la vida en general. Sin agua no hay vida. Y eso debería importarnos a todos.

—¿Cómo podemos ayudar?

—Cada vez que nos preguntan de qué manera podrían ayudar a resolver este problema, intentamos darle la vuelta y decir: bueno, busca, piensa, pregúntate cuáles son tus herramientas, en qué áreas de creatividad eres fuerte, con qué entorno te relacionas… Al final, el primer paso para querer ayudar es ése: quererlo. Si te pones en la piel del otro y empatizas con los problemas que puede tener al no poder abrir un grifo, seguro que se te ocurren diez, quince, doscientas maneras de ayudarle. ¿No?

Foto principal: Erika Arias

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