Alimentos sin peajes: del productor al consumidor

Las abejas estarían orgullosas si conocieran el proyecto que las evoca: ¡La Colmena Que Dice Sí! (Madrid) es una iniciativa de consumo local que conecta consumidores con productores de alimentos. Para dar a conocer su funcionamiento celebran la semana que viene, del 6 al 10 de junio, una Jornada de Puertas Abiertas en Barcelona (hace unos días se celebró en Madrid), donde además se realizarán actividades en torno a la alimentación saludable. Habrá, por ejemplo, una masterclass foodie para bloggers, un taller de cosmética natural, degustaciones o un laboratorio familiar de huerto urbano.

En Le Cool Magazine hablamos con Anna Garcia, que es parte de ¡La Colmena Que Dice Sí!, y que nos da algunos detalles del modelo: Anna nos cuenta, por ejemplo, que la interacción entre productor y consumidor se crea primero online, durante la compra de los productos a través de la plataforma web, y se refuerzan en la vida real cuando los consumidores van a la Colmena más cercana a recoger su pedido y conocen a los productores.

Estas Colmenas –que pueden ser una escuela, un restaurante, un coworking….- se convierten en comunidades de consumo formadas por los consumidores vecinos del barrio o localidad, los productores de la zona y un Responsable de Colmena. Éste último es el que crea el proyecto, y gestiona y dinamiza el grupo. El valor añadido es el vínculo que se establece entre todos: como las abejas, todos interactúan en comunidad.

¿Bonito pero utópico? No: ya está todo en marcha y cada día crece más.  La idea inicial surgió Francia, en 2011, y en España se adoptó el modelo en junio de 2014, cuando aprecieron las primeras colmenas. Ahora ya hay 34; en Madrid (13), Barcelona (8), Valencia (4), Granada, Sevilla, Valladolid, León, Palma de Mallorca y Bilbao. Y son más de 14 mil consumidores registrados. La mayoría son mujeres de entre 30 y 45 años, que viven en las ciudades y “que necesitan un sistema que se adapte al ritmo de vida urbano, sin desvirtuar lo bueno”, dice Anna.

—¿Con cuantas huertas abastecedoras trabajáis en la actualidad, Anna?

—En España son 230 productores y elaboradores locales que utilizan este sistema para vender directamente sus productos. Ellos están muy contentos con el modelo: a través de su perfil en la plataforma web, pueden gestionar toda la venta. Allí fijan sus precios y sus condiciones, además de definir un mínimo de venta para cada entrega. Con este sistema, recibe el 83,3% del total de sus ventas. El 16,7% restante es el coste de servicio, que se divide a partes iguales entre el Responsable de Colmena, que es el emprendedor social que ha creado y dinamiza la Colmena, y la plataforma web. Además, los productores valoran mucho que el proyecto les permita contactar directamente con el consumidor final.

—Apostáis por un comercio de proximidad, ¿qué ventajas tiene?

—Aparte de conocer directamente al productor y tener toda la información del producto de primera mano, el comercio de proximidad tiene también muchas ventajas para el medioambiente. Una de ellas es que elimina transportes innecesarios, es decir, menor coste energético y reducción de contaminación. Además, también se reducen los embalajes y residuos. Y se lucha contra el despilfarro alimentario: no se desechan alimentos por cuestiones estéticas y el sistema de pre-venta on line permite que el productor sepa de antemano lo que ha vendido y sólo entrega las cestas ya vendidas.

—¿Qué tipo de productos se ofrecen?

—Fruta, verdura, carne, vino, quesos, panes, lácteos, mermeladas… Dentro de cada colmena se pueden encontrar productos autóctonos como la carne de las vacas avileñas, vinos con denominación de origen o judías recuperadas de la sierra norte de Madrid. Muchos agricultores se esfuerzan por recuperar variedades antiguas de alimentos, la lechuga moruna, por ejemplo, y también por rescatar métodos artesanales (como el queso de granja o el pan con masa madre). En las Colmenas se apuesta además por  productos innovadores que están de moda: hay cervezas artesanas, ajo negro o mermeladas sorprendentes como la del pimiento rojo.

—¿Tenéis algún “producto estrella”?

Desde que se ha incorporado la carne, muchos consumidores se han hecho fan de este producto. Justamente porque cuesta encontrar carne que sea 100% carne, y que no tenga conservantes, por no hablar de grasa o antibióticos. Pero para aquellos que no comen carne, además de las frutas y verduras, que es la oferta que más abunda, existen también elaboradores vegetarianos y veganos: VEGAIA en Madrid y la pastelera Gisela en Barcelona, que ofrece postres saludables sin grasas ni productos animales, además, utilizando harinas de espelta, centeno, maíz, arroz, garbanzo…

LeCool-LaColmenaQueDiceSi

—¿Se trata de productos ecológicos?

—Los productos ecológicos certificados con el aval administrativo son ahora el 52%. Pero no queremos excluir a pequeños productores o elaboradores que han empezado hace poco y que, aunque no tienen el aval, producen de manera sostenible. Uno de los valores de ¡La Colmena Que Dice Sí! es apoyar y acompañar la transición hacia una producción ecológica.

—¿Son más caros estos productos?

No nos deberíamos preguntar por qué los precios de los productos ecológicos son tan caros, sino por qué los de la gran distribución (súpermercados, sean o no ecológicos), son tan baratos. En el artículo de nuestro blog Desmontando el mito de que los alimentos ecológicos son caros, nos preguntábamos: ¿Cuál de ellos sale más caro si se contabilizan también los costes sociales y ambientales a corto y a largo plazo? Tratar la comida como simple mercancía y olvidarnos de todas las variables que influyen en el precio de un producto es desvirtuar el valor real de los alimentos.

En el modelo agrícola impulsado por las multinacionales y las grandes superficies, los únicos que se llevan el margen que paga el consumidor, son ellos. Estos intermediarios ponen nuestro consumo al servicio de la lógica del mercado y desde esta perspectiva, el valor de la comida depende de la bolsa y de la especulación en los mercados financieros. Por ejemplo, sucede que muchas manzanas que se venden en los supermercados llevan dos años en cámara frigorífica porque se han esperado los movimientos especulativos de subida de precios.

—No hay una lógica vinculada con la tierra.

—No, y por eso cada vez se hace más difícil la supervivencia de las explotaciones campesinas porque el agricultor cada vez cobra menos por su producto y adquiere más dependencia con las empresas de la gran distribución. Pero el consumidor también sale perdiendo, porque paga más por un producto de menos calidad. También si compra en los supermercados que ahora, por arte de magia, se han pasado a lo ecológico. Sus acciones de marketing, enfocadas a dar una imagen ecológica responsable aumentan los precios hasta cinco veces más por algo que sigue las mismas prácticas de mercado. También hay que decir que los productos ecológicos tienen impacto en la salud. Comprando arroz convencional nos ahorramos 1 €, pero dejamos de beneficiarnos de un 50% más de los nutrientes que sí que tiene el arroz ecológico.

—Con la iniciativa que proponéis, los productores pueden vender de forma directa y así establecer sus propios precios justos y sus condiciones de comercialización.

—Con este modelo sí. También quisiera destacar que muchos de los productores son neorurales, es decir que en lugar de venirse a las ciudades a encontrar trabajo, deciden hacer el proceso contrario y convertirse en agricultores. Uno de los productores se ganaba muy bien la vida como programador al otro lado del Atlántico y después de un viaje a la India, decidió hacer un cambio total e iniciar un proyecto de agricultura ecológica. Cambió los ordenadores, por las acelgas y los puerros. Otro era productor de música, y otro educador social, y tuvieron la valentía de volver a empezar de nuevo y cambiar su rumbo.

—¿Y para el consumidor, qué ventajas pensáis que aporta este modelo?

—Para los consumidores en una manera sencilla de obtener alimentos de calidad, sin intermediarios y a precios accesibles. Además, tienen la flexibilidad de hacer el pedido cuando quieren y la cantidad que quieran. Finalmente gozan del valor añadido de tener conocimiento sobre el origen de los alimentos, porque conocen a los productores durante el día de distribución. Aparte, muchas veces en las Colmenas se organizan degustaciones o actividades y acaba dinamizando el barrio para que los vecinos interactúen entre ellos.

—¿Y para los responsables de colmena?

—Es una posibilidad de crear una alternativa de consumo en su barrio o localidad. Esta persona abre su propia comunidad de productores y consumidores, y por sus tareas de gestión, comunicación y dinamización, obtiene un ingreso complementario del 8,35% de las ventas.

—De cara al futuro, ¿qué proyectos tenéis en mente?

—Esperemos seguir avanzando y conseguir que más emprendedores sociales se unan a la aventura y que haya 50 Colmenas abiertas a finales de año. En total, en España, Francia, el Reino Unido, Alemania, Italia y Bélgica, ya hay 800 Colmenas, 600 mil consumidores y 5 mil productores.

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No todos los días el sabor y la salud maridan de manera tan exquisita.