Marc Clotet: el día en el que todo cambió

En colaboración con Logo_We-Are-Water-Small

*Cuando buscábamos a quién entrevistar para el nuevo Le Cool, pensábamos en alguien que representara nuestros nuevos valores: una persona que amara su trabajo, que cuidara su cuerpo y sus relaciones cercanas y con el mundo. También, que tuviera un espíritu joven y vital.

Lo confesamos: fue más difícil de lo que creímos. Ojeamos decenas de revistas, pedimos opinión a quien se nos acercó y googleamos todas las combinaciones posibles… Y de repente apareció. Un amigo de René se lo propuso por teléfono: “¿Y Marc Clotet?”, le dijo. Entonces René me miró y repitió el nombre en voz alta.

Los dos sonreímos.*

Marc Clotet pensaba en la lotería como única vía para dar el salto y dedicarse a la actuación, pero a los 28 años ya se había cansado de esperar. Y al fin, en 2007, cuando decidió ir a buscar la suerte, se la encontró una noche en un bar de Barcelona. Hoy, muchos papeles y una nominación a los Goya después, nos cuenta los rendimientos del esfuerzo y cómo logró tomar las riendas de su vida.

Hay gente que sueña con ser estrella de rock, millonario excéntrico o icono del deporte. Marc no. Marc Clotet soñaba en 2007 con dejar la multinacional en la que ocupaba sus días. Soñaba de forma vaga, porque sus estudios en Administración de Empresas lo habían llevado al Departamento de Marketing de Panrico y su vida transcurría apacible. Una compañía sólida, un sueldo fijo, el porvenir asegurado. Pero por las noches, Marc miraba el blanco del techo y fantaseaba sin énfasis con otro Marc: el Marc actor.

Al fin el cambio le llegó por partes. La antesala habían sido esas sesiones de sinceridad consigo mismo en las que descubría que su trabajo no le llenaba. Luego, el primer detonante: supo que Carol Rosenfeld, una reconocida profesora de teatro neoyorkina, llegaba a Barcelona a dar una masterclass. Él, que en su tiempo libre practicaba la actuación amateur, se sentó frente a la pantalla y la googleó. Entonces vio que en pocos meses ofrecía un intensivo en su escuela de Nueva York.

—Y entonces fue cuando te decidiste.  

—Al principio no. Solo pensé “si me tocase la lotería…”. Pero después de muchas dudas, ganas, miedos, ilusión, todo junto, me dije: “Mira, yo me voy. Siempre estoy a tiempo de retomar el rumbo”. Y entonces me concentré en prepararme para las pruebas de acceso para la escuela.

Pero había más.

Meses más tarde después de cerrar la puerta de su despacho por última vez, Marc estaba haciendo las maletas para irse por fin a Nueva York. Y entonces, sonó el teléfono: eran de TV3.

—El puesto es tuyo—, se oyó del otro lado.

Marc Clotet por Erika Arias
Marc Clotet por Erika Arias

Rebobinemos. Tres semanas antes había llegado el segundo detonante para Marc en la discoteca Luz de Gas. Él y su hermana Aina –que también es actriz- se encontraron a un directivo de la televisión catalana que les avisó de un casting para la serie El Cor de la Ciutat. “Preséntate”, le dijo, “das el perfil”.

Marc se presentó, aunque sentía que todo era muy precipitado. “Yo estaba centrado en empezar mi formación como actor y todavía no tenía muchas herramientas para la interpretación. Sabía que no era el mejor momento pero la posibilidad era un regalo”, dice. “Es que para mí los trenes pasan cuando pasan y yo siempre intento cogerlo, después veo si me bajo o no”.

Marc fue al casting. Y, por segunda vez en muy poco tiempo, atravesó su inseguridad concentrándose en su preparación: Se encerró con su hermana tres semanas sin parar de trabajar. Así que en los primeros pasos de su nueva profesión, Clotet cumplía con dos de sus máximas: esforzarse y trabajar. “Es que no creo mucho en la magia Borras”, dice Marc antes de desplegar su sonrisa como una sábana suave.

“Para mí los trenes pasan cuando pasan y yo siempre intento cogerlo”

Durante la entrevista, hay alrededor un espacio diáfano y luminoso: la casa de Marc tiene rincones que él mismo diseñó o construyó. A simple vista hay una chimenea, un taburete o una escultura de tres cuerpos. Pero en realidad es donde fueron a parar sus manos cuando aparecían las nubes negras en su cabeza. “Bricolaje ocupacional”, le llama él. Y es donde acude si el día se tuerce. Otras veces se pone las zapatillas y sale a correr en busca de aire fresco y endorfinas; camina por la ciudad (“todo lo que esté a menos de media hora está cerca”); o pone más atención en la alimentación. Come pescado todo lo que puede y explica que “el azúcar es veneno”, aunque no es un fundamentalista de la comida porque –dice- “comer es disfrutar”. Ayer mismo estuvo cenando con Ferran Adrià. Son viejos amigos. “No sé si fue Ferran… pero un día alguien me dijo que tenía la sensación de haberse quedado en los 20 años. Cumplía años pero, por dentro, seguía sintiéndose el mismo. A mí me pasa igual”.

-¿Te va lo de forever young?

-Sí, pero no desde un punto de vista estético. Lo que me gusta es poder transitar todo lo que ofrece la vida. A mí me encanta vivir, me encantaría ser inmortal. Pero no se puede y entonces… hay que joderse (risas).

***

Marc no le tiene miedo a la muerte (“es más pena que miedo”), pero sí le teme a no optimizarse, a no estar a la altura de sí mismo. Por eso no baja la guardia. Lleva las riendas de su vida y recoge los frutos:

Marc Clotet por Erika Arias
Marc Clotet por Erika Arias

En su momento, saltó a Madrid con la serie El Comisario y con Física o Química. Y en el cine su trayectoria señala al director Ventura Pons, Alberto Aranda o Benito Zambrano. Su papel en la película de Zambrano, La voz dormida, le valió la nominación a los premios Goya en 2011 como mejor Actor Revelación. (La profesión, la nueva, florecía a cuatro años de nacer).
Y luego está la familia.

***

Cuando en los años 80, del SIDA se sabía más bien poco, el doctor Clotet abrazaba a los primeros enfermos desconcertados, les acogía para tratarlos y creaba la Fundación de Lucha contra el SIDA para conseguir más derechos al colectivo.
“Ahora estás y ahora no estás”, le decía a su hijo Marc, que le observaba de cerca. “Trabaja duro”, le repetía, “pero haz lo que sea para que disfrutes cada día, para ser feliz. Y si no es así, cambia. Búscate otra cosa”.

El pequeño Clotet se lo tomó en serio, y ahora responde con la contundencia de un martillo: “Sí, cambiar siempre es bueno. Siempre”. “Para mí apostar por la actuación fue un salto al vacío. Yo no sabía si me iba a ir bien o si iba a ser mi pasión. Pero pensé que si al final no me gustaba, habría aprendido muchas cosas, a hablar mejor en público o a superar mil miedos. En realidad, no creo que uno tenga que estar convencido al 100% de su nuevo camino para empezar a andarlo. Si puedes, cambia y prueba. Yo no conozco a nadie que haya hecho un cambio con ganas y le haya ido mal”.

“No creo que uno tenga que estar convencido al 100% de su nuevo camino para empezar a andarlo”

En la entrevista, Marc hablará de muchas cosas más: de su araña Spidy, que ejerce de animal de compañía en el umbral de la puerta; de la película Una para Cuatro (del director Pascal Jongem), que estrenará en breve; o de su rostro de facciones clásicas muy al estilo de los años 50. Saldrán en la conversación los ideales vacíos que nos venden los medios de comunicación; y su sobrina, claro, que está a punto de nacer (“¡puede ser hoy mismo!”). Marc hablará lento pero no dejará hilos sueltos, dirá que en la escuela deberían enseñarnos a gestionar nuestras emociones, que ahora rueda en Madrid una serie para TVE (El Caso), y que a veces -fruncirá el ceño- también se enfada.

Pero donde siempre volverá Marc será al cambio: ahora, por ejemplo, a sus 35 años, quiere correr los límites un poco más allá. Quiere contar historias y empezar a dirigir. Sobre todo, para no depender tanto de las propuestas externas y poder llenar el día, sin concesiones, de lo que le hace feliz.

 

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Marc, el agua y la epidemia

“Yo soy agua”, dice Marc Clotet en el vídeo que la Fundación We Are Water cuelga en el apartado de su web donde muestra a sus colaboradores (amigos). El actor participa también en el festival We Art Water que organiza la fundación para sensibilizar sobre el problema del agua a través de un concurso de cortometrajes. Marc, de nuevo, forma parte del jurado del festival, que este año celebra su tercera edición.

No es la primera vez que Marc participa en acciones solidarias; de hecho es colaborador también del Instituto Jane Goodall y de la Fundación Lucha Contra el Sida, que presentó recientemente  Epidemia The Game, el videojuego para recaudar fondos contra la enfermedad.

De pequeño, el actor admiraba a Superman (antes de acostarse pedía poder volar). Ahora, cambió los referentes: se queda con su padre, Bonaventura Clotet, o con Jane Goodall, y el respeto que siente por ellos se parece en algo al que le despertaba el superhéroe en su infancia. “Todos ellos dedican su vida a ayudar a los demás”.

Fotos y video por Erika Arias

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