The Haciendas Warehouse

Lugar Restaurante
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Donde
Calle de María de Molina, 25
Ver Mapa
Cuándo

De mar. a sáb. de 13:00h a 2h, dom. de 13h a 20h

Cuánto

Unos 30€ por persona



Donde
Calle de María de Molina, 25
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Cuándo

De mar. a sáb. de 13:00h a 2h, dom. de 13h a 20h

Cuánto

Unos 30€ por persona

El frío ártico de estos días o el calor asfixiante del verano demandan refugios con clase. Espacios donde perderse en el confort de sentirse lejos del asfalto y de sus cotidianos problemas y ruidos. Pocos lugares existen como The Haciendas Warehouse para lograr una evasión tan sofisticada. Esta pequeña mansión puede pasar desapercibida en María de Molina pero encierra una sucesión de placeres y manjares dignos del paraíso. El Warehouse cuenta con una barra de cócteles y unos salones que nos trasladan a los clubs de caballeros londinenses pero sin tanta pompa. Tras la barra, sabios bartenders hacen las delicias de los paladares más sedientos de buenas y osadas combinaciones. Pasar a la terraza cubierta es navegar en la calidez de la madera mientras añoras el verdor de su terraza exterior. La amplitud y el servicio destacan en la bienvenida a este espacio creado para sentirte como un Marqués de la Concordia.

Este marquesado lleva desde 1366 mimando una hacienda que le otorga dones increíbles fruto de las fértiles tierras de Salamanca. De su preciosa finca extraen un embutido exquisito que llega a Madrid como los primeros rayos de sol de la primavera. Asimismo, las ensaladas y las tostas son otras buenas opciones rústicas para el sabroso aperitivo. La carta nos sorprende con sabores del Duero y del Atlántico pero sin duda la carne es el sello distintivo de la casa. Lo demuestra con sus fabulosos solomillos, sus chuletillas de lechal al horno o la búfala de campaña con salsa bernaise y patatas pont neuf. Una manera de respirar el aire salmantino libre de contaminantes a dos pasos de La Castellana. Antes de regresar al trasiego de la ciudad y mientras apuras el último trago de esa botella de vino llegada cual ambrosía desde las tripas de su fabulosa bodega, conviene hincar el diente en unos postres sublimes. Tras unas buenas torrijas, un exquisito crème brûlée o un crumble de ruigarbo, el refugio te despide con calidez hasta la próxima aventura que desees vivir en esta hacienda en el centro de Madrid.

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