No es para tanto, by Recaredo Veredas

“La muerte es un efecto terminal que resulta de la extinción del proceso homeostático en un ser vivo en ti; que acarrea con ello el fin de la vida”, nos comenta Veredas. Por ello te invito a que este libro lo dejes encima de tu mesilla de noche, como si de una mascota se tratara, para ahuyentar los fantasmas al final del camino. Los tanatorios, lugares de máscaras y mentiras, se convertirán en afterworks, lugares de tapeo, incluso espacios imparciales para practicar con Meetic o Tinder. Esquinas franquiciadas con rótulos de colorines que invitaran a una muerte digna. Ese diablo, al que tanto tememos, compartirá espacio en la barra de la cafetería para ver el partido de fútbol de turno, entretanto aumentan las ventas de kleenex en el semáforo de la esquina. El olor a naftalina, el posado con trajes de tergal, el abrazo mentiroso con tu sobrino que no saludas desde el sepelio del tío Juan. ¿Cómo sería esa caldera que prendió Poncio Pilatos mientras unos angelitos celestiales entonan una canción de Nick Cave? Abre este libro, aquí están las líneas rojas que sí debes cruzar. Olvida ese olor a éter, a hidrocarburo, a los difuntos espacios de los sanatorios. Este es un libro que señaliza las zonas de confort para una muerte dulce, sin necesidad del beso al cadáver. El mayor suicidio colectivo no fue Jonestown, es no leer este manual. ¿Por qué siempre me acuerdo de Puerto Hurraco? La muerte corriendo por las calles en un pueblo que no era precisamente una blue zone. Allí las estadísticas se rompieron para siempre. Seremos olvido, un cuadro una pared, un enlace de Google. Poco más. Existe una maquinita que puedes comprar online en algún supermercado de electrónica que sólo tiene una tecla y dos posiciones: on/off. A Recaredo se le pasó por la cabeza la recomendación, estoy seguro. Así que cuando te apetezca te vas al otro lado sin pedir permiso ni explicaciones. ¡Pulse la tecla roja! Y tampoco quiero resucitar, ni reencarnarme, ni morir ahogado en la pila bautismal. ¡Qué pereza! ¿Entonces cómo quiero sucumbir? La solución la tienes por unos pocos euros, aunque el sílice al romperse forme unos bordes muy cortantes. Muy recomendable.

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