Salvación en Sand Mountain

Cuando eres periodista y tienes que cubrir el juicio de un predicador y casi te conviertes en uno de sus discípulos. Un apóstol que manipulaba serpientes venenosas –cascabel y víboras– es condenado por tratar de matar a su mujer con ellas. Se suceden ceremonias con música caótica y salvaje, la espontaneidad de los testimonios; la poesía de las profecías y las oraciones; y los sermones simples, directos, inoculados con el lenguaje trascendente de la traducción de la Biblia del rey Jacobo: “Si para Jesús sirvió, para mi también”. Dennis Covington es un hijo de ese más allá estadounidense que Dirty Works nos acerca en cada entrega y sin la menor cautela.

Un hombre había intentado asesinar a su mujer obligándole a que le mordiera una serpiente diamantina, una de las doce que poseía en jaulas de madera en el garaje de su casa. Decide seguir el rastro de esa noticia y escribir un artículo sobre Glenn y Darlene Summerford. Para ello vuela hasta Scottsboro, donde se estaba celebrando el juicio que puso en la cárcel a Glenn una vez que fue condenado a 91 años por intento de asesinato. El encargo del New York Times se convirtió, con el tiempo, en esta maravilla de libro.

Los chicos de Dirty Works continúan incansables. En Salvación en Sand Mountain, brindan con ánforas llenas de serpientes. Una obra maestra tanto a nivel periodístico como autobiográfico. El veneno en tus labios y el sermón en sus páginas. Un chupito de estricnina, por favor. Muy recomendable.

Traducción: Tomás Cobos

Ilustración: El Ciento

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